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Para los inmigrantes indocumentados, su lucha no concluye con la elección

By INN Amplify | December 26, 2020

Desde la divulgación del voto hasta el trabajo por sus comunidades, los inmigrantes indocumentados de toda el área de Chicago no permiten que su estatus migratorio se interponga en el camino de la participación política.

Este artículo, publicado originalmente en inglés por Injustice Watch, está disponible en español gracias al proyecto “Traduciendo las noticias de Chicago”, del Instituto de Noticias Sin Fines de Lucro (INN).

Por Paco Alvarez y City Bureau

Los años en que hay elecciones son un asco, sobre todo, si se es indocumentado. Sin posibilidad de votar, los inmigrantes tienen que ver, desde la marginalidad, como millones de ciudadanos deciden quién determinará la política de inmigración (y sus vidas) para los próximos cuatro años. Pero votar no es la única forma de participar políticamente, y durante décadas, los inmigrantes indocumentados han encontrado formas de hacer oír su voz y servir a sus comunidades.

La historia de la participación política de los indocumentados en Chicago tiene gran importancia. En la década de 1980, las iglesias de Chicago se unieron al movimiento santuario y ofrecieron refugio a los inmigrantes indocumentados que huían de Centroamérica, y el Grupo de Trabajo Religioso de Chicago para Centroamérica celebró mítines para sensibilizar sobre la difícil situación de los refugiados. A mediados de la década de 2000, Chicago fue el lugar de grandes marchas para la reforma de inmigración que se extendió al resto del país. Sin embargo, la ciudad no es el único escenario de activismo de los indocumentados.

Los suburbios de Chicago sirven como un espacio importante para la comunidad de indocumentados. Un informe del año 2014 de la Coalición de Illinois para los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados, reveló que el 54% de los inmigrantes indocumentados en Illinois viven en los suburbios de Chicago. A pesar de su gran mayoría, los inmigrantes indocumentados en los suburbios pueden sentirse a veces ensombrecidos y pasar por alto en comparación con los que viven en la ciudad.

Crecer indocumentado en los suburbios puede ser una experiencia aislada, al menos así lo experimentaba. Sabía que mi familia era indocumentada, pero no conocía a muchos otros que tuvieran el mismo estatus, a pesar de que Cícero, la ciudad en la que crecí, tiene la mayor concentración de indocumentados en los suburbios del condado de Cook. Uno de los momentos que más recuerdo es cuando mi profesor de estudios sociales de séptimo grado dijo en la clase que los “inmigrantes ilegales” no pagan impuestos, y que todos nuestros compañeros indocumentados iban a la escuela gratis con el dinero de los impuestos de los padres de familia que son ciudadanos.

Nos mudamos de los suburbios cuando tenía 14 años, pero tenía curiosidad por saber cómo han cambiado (o no) las cosas para los inmigrantes indocumentados, especialmente en un mundo después del Trump. Hablé con tres inmigrantes indocumentados, en los suburbios de Chicago, sobre su relación con sus comunidades, sus ideas sobre las elecciones y el trabajo político que han realizado ahí.

Es miércoles 4 de noviembre, la mañana después de las elecciones presidenciales, y los votos siguen siendo contados en los principales estados indecisos. El remanente de votos parece apuntar a favor de Joe Biden, pero la avalancha demócrata predicha durante semanas por los principales medios de comunicación no ha ocurrido.

Fernando, de 26 años, beneficiario de DACA y del Condado de Lake, cree que los resultados – o la falta de ellos – reprueban la estrategia del partido Demócrata contra Donald Trump. “La elección no debería haber sido un fracaso, debería haber sido la victoria más fácil”, dice. “El hecho de que esté tan cerrado [el gane] sólo muestra cómo Joe Biden y los demócratas fracasaron completamente.” (City Bureau no revela el apellido de Fernando por razones de privacidad.)

La familia de Fernando vivía originalmente en Guerrero, un estado de México al que describe con “mucha corrupción [y] mucha violencia”. La madre de Fernando tomó la difícil decisión de llevarse a la familia a los Estados Unidos a mediados de los 90 con el fin de mantenerlos a salvo. Han vivido en Lake County por más de 20 años.

Hay una mezcla de inmigrantes de clase trabajadora Latinx y ciudadanos blancos adinerados, en su ciudad. Fernando recuerda haber visto esta marcada diferencia cuando estaba en la secundaria. Él y sus compañeros indocumentados eran excluidos de actividades en las que sus compañeros blancos nacidos en Estados Unidos podían participar. Cuando llegó el momento de tomar clases de conducir, sabían que obtener una licencia estaba fuera de discusión. “Siempre éramos los mismos que se iban cuando alguien hacía algo que podía meternos en problemas”, dice. “Y al cabo de un tiempo lo comprendimos, a pesar de que nuestros padres eran muy estrictos con nosotros en cuanto a no hablar de [nuestro estatus migratorio]”.

Poco a poco se involucró políticamente, después de la escuela secundaria, cuando observó el manejo de Obama con respecto a las protestas de Ferguson y la crisis del agua de Flint. “Me hizo cambiar mi opinión sobre él”, dice. “Empecé a sentir que el Partido Demócrata no apoyaba a las comunidades vulnerables como creía. “En cambio, se sintió atraído por la campaña presidencial de Bernie Sanders en el 2016, por su posicionamiento para acabar con el imperialismo que Fernando veía como la causa principal de la inmigración. Los que no son ciudadanos no pueden contribuir a las campañas políticas, así que se centró en alentar a sus amigos, que son ciudadanos, a hacerlo. Este año fue voluntario oficial de la campaña, visitando los hogares con los encuestadores.

Fernando empezó la universidad con el deseo de especializarse en ciencias ambientales. Para ganar dinero extra durante el año escolar, consiguió un trabajo en el centro de escritura de su universidad, donde notó que muchos estudiantes no tenían las habilidades para escribir que deberían haber aprendido en la escuela secundaria. También se dio cuenta de lo entretenido que era trabajar con niños y enseñarles a escribir, leer y matemáticas, lo que también le permitió ver cómo podía contribuir al cambio a través de la educación. “Si los niños no tienen una buena base cuando son pequeños, no pueden, definitivamente construir sobre ella”, dice. Poco después, cambió su interés por la enseñanza.

Ahora trabaja en un centro comunitario que asiste a la comunidad Latinx de Lake County, una mezcla de inmigrantes mexicanos establecidos e inmigrantes recién llegados de Centroamérica, ahí, ayuda a los estudiantes de primaria con sus tareas.

Fernando recuerda que cuando era un adolescente, las escuelas de su vecindario no estaban preparadas para enseñar a la comunidad Latinx, casi ninguno de los maestros hablaba español. Ahora, pueden enseñar a todos los estudiantes en inglés y en español, pero los niños todavía se enfrentan a barreras culturales, señala. Uno de los estudiantes de Fernando, quien está en segundo grado, no quiere hablar español en la escuela porque los otros estudiantes se burlan de él. “Gran parte del racismo y el maltrato hacia la comunidad [Latinx] sigue existiendo, a pesar de los cambios que han hecho”, dice.

Su organización forma parte de la comunidad desde hace mucho tiempo, ayudando a los residentes locales del barrio Latinx a obtener asistencia legal y a llenar solicitudes de cupones de alimentos, desempleo y servicios médicos. “Cuando [mi familia] llegó por primera vez”, añade, “usábamos algunos de esos servicios”. Después de que comenzara la pandemia, el centro comunitario se asoció con una despensa local para proporcionar a las familias alimentos semanalmente.

Fernando desea llegar a ser director de una escuela para poder opinar sobre el reparto de los recursos para atender las necesidades de la comunidad. Independientemente de cómo lo haga, proporcionar apoyo a su comunidad es algo que Fernando se ve haciendo por el resto de su vida.

“Personalmente no creo que estaría donde estoy sin el apoyo de mi comunidad. Han recaudado fondos para mí, me han apoyado de diferentes maneras”, dice. Fernando reconoce que no todos en su comunidad tendrán las mismas oportunidades que él ha tenido. “Se enfrentan a obstáculos y barreras que yo aprendí a superar”, añade. “Así que para mí el no compartir eso con ellos, siento que no sería correcto.”

Es el 9 de noviembre, unos días después de que Biden se proyectara como el ganador de las elecciones presidenciales del 2020. Mateo Uribe-Ríos, un activista colombiano indocumentado de 27 años que trabaja para DACA, se siente “cautelosamente optimista” sobre la victoria presidencial de Biden, y espera que el presidente electo cumpla sus promesas de restaurar el DACA.

Sin embargo, los resultados de las elecciones confirmaron los temores de Uribe-Ríos sobre los votantes en Estados Unidos: el racismo y la xenofobia, como lo ejemplifica el actual presidente, no son un factor lo suficientemente fuerte como para expulsar a Trump en una abrumadora votación. “Estamos llegando al límite, lo que me revela que el 50 por ciento [de la gente] de este país no se preocupa por gente como yo.”

Habiendo crecido en Berwyn, un suburbio del oeste de Chicago, Uribe-Ríos pensó que era el único inmigrante indocumentado en su escuela (aunque más tarde se enteró de que no lo era). Los estudiantes eran principalmente afroamericanos, pero la mayoría de sus profesores eran blancos. Recuerda que sus maestros constantemente dudaban de sus habilidades y se cuestionaban si él estaba listo para las clases con honores pese a tener mejores calificaciones que un amigo blanco quien sí fue recomendado para esas clases. “Transformaron mi vida de una manera que me hizo sentir bastante inútil”, dice.

No fue hasta que empezó a estudiar en la Universidad de Illinois en Chicago (UIC), que conoció a un inmigrante que no tenía papeles. “Fue una experiencia transformadora para mí”, dice. “Esta persona habló de ser indocumentado en la clase. Yo también quiero hacer eso. Quiero sentirme lo suficientemente valiente para hablar de eso.”

Mientras estudiaba en la UIC, Uribe-Ríos se sumó a un grupo de estudiantes indocumentados y allegados, llamado Fearless Undocumented Alliance, cuyo objetivo era hacer el campus de la UIC más “amigable para los indocumentados”. Durante unos cuatro años, abogaron por la Ley de Retención y Equidad de Estudiantes de Illinois (RISE), que finalmente fue aprobada en 2019 permitiendo a los inmigrantes indocumentados y a los estudiantes transexuales obtener ayuda financiera del Estado. Uribe-Ríos contactaba a los estudiantes y sus padres y les pedía que hablaran con los legisladores y abogaran por la ley. El grupo incluso fue al sur del estado, a Springfield, para conversar con los legisladores en forma directa.

Después de graduarse, Uribe-Ríos y un grupo de sus amigos comenzaron Protección para Todos, un grupo voluntariado de inmigrantes indocumentados y personas que no tienen un camino directo hacia la ciudadanía, incluyendo a los inmigrantes con Estatus de Protección Temporal (TPS). Cuando el exfiscal general Jeff Sessions, anuló el DACA en septiembre de 2017, el grupo organizó una manifestación para “sacar a la gente y mostrar sus frustraciones ante [la] decisión”. Casi 4,000 personas se unieron a la protesta.

Uribe-Ríos es ahora coordinador de programas en la Coalición de Illinois para los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados. Trabaja con diferentes organizaciones que proporcionan servicios sociales financiados por el estado a los inmigrantes, supervisando sus presupuestos y elaborando informes para enviar al estado. Este año ayudó a conseguir el voto en las comunidades de inmigrantes y a promover la enmienda de “impuestos justos” de Illinois.

Uribe-Ríos no regresó a vivir a los suburbios desde que se graduó, sin embargo, sus padres siguen ahí. Piensa que a pesar de la gran (y creciente) población de Latinx en los suburbios, esas comunidades reciben menos atención y recursos que los de la ciudad. Conoce a otros activistas de los suburbios que regresan para organizar esas comunidades, y apoya sus esfuerzos, pero eso no es para él. Piensa que las oportunidades en los suburbios son limitadas, y nunca vio un futuro para sí mismo mientras crecía ahí. “No disfruté plenamente de mi experiencia en los suburbios”, dice. Cada vez que regresa, tiene una sensación extraña. “Supongo que no me gusta estar de vuelta.”

En el futuro, Uribe-Ríos quiere seguir trabajando en el sector de las organizaciones sin fines de lucro, pero desea aprovechar su experiencia organizativa para hacer promoción de políticas (normas). “Mi primer amor ha sido las políticas”, dice. “Quiero ser capaz de entender, trabajar y defender las que investigué y aprendí [en la escuela de posgrado] que son beneficiosas para nuestras comunidades.”

Trae a colación el ejemplo de DACA: un programa creado por una orden ejecutiva de Obama del 2012, que otorgaba derechos a los inmigrantes que llegaron a los Estados Unidos a temprana edad (como él), y que ha sido destruido por la administración Trump. Aunque espera que DACA sea restablecido por Biden, Uribe-Ríos aboga por una solución legislativa más permanente, una que vaya más allá de los programas poco sistemáticos que sólo benefician a los inmigrantes considerados “buenos”. Quiere una ley que “no tire a otras personas debajo del autobús, incluyendo a los padres y a la gente que tiene antecedentes o está en prisión.”

Los sueños de Uribe-Ríos consisten nada menos que en una revisión de la forma en que vemos la inmigración. ¿Una posibilidad? Señala cómo funcionaba la frontera entre Estados Unidos y México antes de la Ley de Inmigración de 1965, cuando era “más bien una puerta giratoria… La gente solía venir a los Estados Unidos para trabajar y luego volvían por temporadas a sus casas.”

“Es probablemente lo más difícil de hacer”, dice. “[Quiero] tener un sistema de inmigración mejorado en el que no importe si tienes la ciudadanía o no, si tienes la residencia o no.”

Es 10 de noviembre, una semana después del día de las elecciones, la mayoría de los principales medios de comunicación anunciaron a Biden como ganador. Giselle Rodríguez, de 23 años, sintió un poco de alivio, pero sabía que la lucha estaba lejos de terminar.

“Si realmente estás en el mundo de la organización…sabes que el presidente no va a cambiar todo”, dice. “Vamos a exigirles rendición de cuentas independientemente de quiénes sean.”

Originaria de Nayarit, México, la familia de Rodríguez vivió en varias ciudades del medio oeste antes de establecerse en 2008 en North Chicago, una ciudad en Lake County que limita con Waukegan. Inmigrante y sin DACA, Rodríguez afirma que siempre supo que era indocumentada. Pero tuvo que desenvolverse por sí sola.

“Nadie hablaba del tema”, dice, añadiendo que a algunas personas las criaron sus familias para no hablar de su situación. “Como, no teníamos un grupo o algo así… Nadie participaba en la defensa de derechos.”

Especialmente en los medios de comunicación, pero incluso entre amigos, Rodríguez siente que la gente sin DACA queda fuera de la conversación sobre los inmigrantes indocumentados. “Somos inmigrantes a pesar de todo, ¿verdad?”, comenta. Entiende que es menos probable que las personas en su situación hablen, debido al riesgo, pero aún así, siente que es importante discutir las narrativas más allá del “soñador”, el joven inmigrante que sobresale en la escuela y posee DACA, estadounidense en todos los aspectos excepto por el estatus. Señala que muchas personas mayores, incluyendo su madre, han comenzado a hacer trabajo político después de ver el esfuerzo de sus hijos, pero sus historias a menudo no son contadas por los medios de comunicación.

Coloca una mano a la altura de los ojos y dice: “Pero DACA está aquí”. Coloca la otra mano ligeramente por debajo de la primera. “Y sólo porque no tengo DACA, estoy aquí. A veces me dejan fuera.”

Rodríguez empezó a ser políticamente activa, en la universidad cuando era voluntaria en organizaciones sin fines de lucro que defendían los derechos de los trabajadores. Se dio cuenta que, en los suburbios, la mayoría de estas organizaciones dedicadas a los inmigrantes, se centran en ofrecer servicios sociales, como abogados de inmigración, programas de salud y bienestar y servicios de traducción, especialmente porque los inmigrantes indocumentados no califican para los beneficios federales. Pero ella afirma que estaban tapando agujeros en el sistema, en lugar de abogar por un verdadero cambio en las políticas.

Luego obtuvo su maestría en trabajo social, dedicó tiempo como traductora y trabajadora social en una escuela pública de Waukegan, donde ayudó a crear un club de soñadores. A principios de este año, fue cofundadora del Centro para el Progreso del Inmigrante CIP (por sus siglas en inglés), junto con otros indocumentados y activistas de Latinx de primera generación, en parte para abordar la falta de trabajo de defensa que se realiza en los condados de Lake y McHenry.

A través del CIP, Rodríguez ayuda a organizar charlas comunitarias para proporcionar a los inmigrantes un espacio para contar sus historias y crear más conciencia sobre los problemas que afectan a la comunidad inmigrante. La organización se reúne con funcionarios electos que representan a los condados de Lake y McHenry para discutir sus políticas de inmigración; durante el verano, celebraron una mesa redonda virtual con el representante de los Estados Unidos, Brad Schneider, para discutir sobre el DACA y el futuro de la legislación de inmigración. También se reunieron con miembros de la junta escolar para estudiar cómo apoyar mejor a los padres y estudiantes inmigrantes. Recientemente, el CIP participó en la campaña Pedal por la Paz, con el fin de recaudar fondos para un beneficiario de DACA que renueva su permiso de trabajo.

Como directora de educación del CIP, Rodríguez espera trabajar algún día con las escuelas para capacitar al personal y así apoyar a los estudiantes indocumentados. También desea ser mentora de los estudiantes indocumentados que tienen dudas sobre el acceso a la educación superior, la obtención de becas y pasantías, y el trabajo sin DACA. “Nuestra gente, nuestra comunidad, tiene sueños como cualquier otro”, dice. “Si quieres ir a la escuela si eres indocumentado, incluso si no tienes DACA, yo lo hice, definitivamente tú también puedes hacerlo.”

Rodríguez espera que la reforma migratoria y el alivio llegue algún día a futuro. Le gustaría visitar México con su madre, quien no ha visto a su propia madre desde que se fue a los Estados Unidos hace décadas. Mientras que en los medios de comunicación el tema de los inmigrantes indocumentados se centra en DACA, ella dice que los inmigrantes y los activistas están exigiendo reformas más allá de eso. “Queremos la ciudadanía para todos, incluso para nuestros padres, incluso para aquellos que no tienen DACA”, dice.

Este reportaje fue realizado por City Bureau, un laboratorio de periodismo cívico con sede en Chicago.

Traducido por Beatriz Oliva

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